Cabecera

El alma del ‘buenrollismo’

  • Publicado en: Noticias

Imagen Rgo1442

Hasta la nota más triste suena con alegría cuando la interpreta una charanga. Hasta el sol se decidió finalmente a salir de su escondite entre las nubes cuando los músicos que participan en el Charamburu sacaron sus instrumentos por las calles del casco histórico. ¡Arriba los corazones! Saxofones, tubas, trombones, platillos... La banda sonora del vermú era pura fiesta. Se completaría por la tarde en el Teatro Clunia y por la noche en la Sala Museo.

 

Pasada la una del mediodía, Burgos presumía de su título de capital gastronómica y ofrecía un pincho de morcilla a los nueve integrantes de Incansables. La formación vasca carga con cuarenta y tres años de historia y saca pecho de ello.

Jon Alberro y Jesús María Mendía son los saxofonistas de este veterano grupo. El primero entró hace tres años y el segundo, seis. Jesús Mari lleva la voz cantante en la conversación, mientras Jon repite morcilla.

¿Por qué se mete un músico en una charanga? «Por afición. Esto te tiene que gustar», comenta el instrumentista, que reconoce que para vivirlo hay que llevar la fiesta dentro. «Una orquesta sinfónica tiene que cumplir. Va, toca y al final se va a casa y a nosotros lo que nos gusta es el contacto con la gente, relacionarte, hacer amistades... Buscamos que suene chulo y por eso estamos», se explaya el saxofonista ya solo con el trozo de pan en la mano. Y es ese inocente manjar, ese simple gesto el que guarda uno de los momentos mágicos que puede vivir una charanga. ¿Qué saxofonista puede tirar de bota de vino en un teatro?

«Aquí es todo más divertido. Somos una parte importante de la fiesta», sentencia antes de lanzarse a un repertorio distinto al habitual. Sus escenarios suelen estar en Guipúzcoa y Navarra y allí se piden temas del folclore vasco, aquí interpretan más variado -hasta éxitos de los Cuarenta Principales- para un público también distinto.

Imagen Rgo1442

No están acostumbrados los Incansables a que la gente se pare a escucharlos. Por el norte se dedican más a bailar. Y ayer en Capitanía los viandantes les hicieron un buen corrillo.

Otro bien hermoso prepararon los anfitriones en La Paloma. El Buru toca en casa... y se nota. Arrastran a un coro fiel de seguidores que hacen fotos, graban vídeos y se prestan a lo que sea menester.

Algunos han sido testigos de toda la historia de la formación. Veinticinco años de existencia que empezaron bendecidos por los salesianos y acabaron en un rollo sinvergüenza. Quien así pinta la charanga es Samuel Martín, alma del Charamburu, que ahonda en los términos: «Es el que respeta la música e intenta que transmita buen rollo a todo el que nos ve y ganas de divertirse, que nosotros siempre las tenemos».

Ese buenrollismo corre como la pólvora y cada vez son más los que quieren agarrar un saxofón, tuba o platillos y... ole, ole y ole. El Buru tiene 33 integrantes y subiendo. «Nosotros no somos la típica charanga, llevamos temas más modernos, bailamos mucho y atrae a la gente». Atrás se quedaron los tiempos en los que una charanga no era nadie sin Paquito, El Chocolatero. Ya no se lleva él todos los aplausos.

 

Icon4 Fuente de la noticia: www.elcorreodeburgos.com, 27 de octubre de 2013 

 

Ir a la web de webspecialista

Festival Nacional Charangas Poza

Charanga Jarra Pedal

Concurso de Charangas Sotrondio